¿Cuál es la causa real del malestar emocional?

A menudo pensamos que si descubrimos el origen y la causa de nuestro malestar emocional, tendremos la llave para solucionar nuestros problemas. Aferrados a esta creencia y esperanza, revisamos nuestras vidas, revivimos episodios traumáticos, buscamos como detectives incansables las pistas que hasta ahora nos pueden haber pasado desapercibidas y que al encontrarlas nos puedan dar esa respuesta que nunca encontramos…

 

La tradición psicoanalítica que arranca en el s. XIX de Freud y su teoría sobre el inconsciente, centraron este esfuerzo en descubrir lo que se escondía tras los actos, lapsus lingüísticos,  nuestros sueños e incluso, tal como en su misma época George Groddeck puso en evidencia, la relación entre nuestro estado emocional y la enfermedad. A partir de ahí, y en paralelo al desarrollo de la denominada “psicología científica”, hemos seguido incansablemente la búsqueda de esa explicación que pudiera no sólo justificar nuestro malestar emocional sino, y muy especialmente, reconducirlo hacia nuestro bienestar.

 

Actualmente, la tradición que ha ido desarrollando lo que denominamos “Descodificación Biológica”, sea cual sea el nombre de la corriente que elijamos y los distintos acentos que ponga en la interpretación de las causas emocionales que subyacen tras los síntomas físicos, nos daba la esperanza de poder llegar a revertir estos síntomas sólo con tomar conocimiento y conciencia de las emociones que provocaron que el inconsciente biológico permitiera, a través de nuestro organismo, intentar subsanar una situación que se vive “sin salida”. En función de la interpretación emocional dada por una persona a una situación (por ejemplo, el sentimiento de no poder digerir la reprimenda que mi superior me da en el trabajo), los síntomas orgánicos van a ser distintos (contractura muscular para poder ser más fuerte y resistente si lo que la persona vivió fue una gran desvalorización; o una indigestión estomacal si, por el contrario, lo que vivenció es no poder asimilar esas críticas injustificadas; o, incluso, un problema de hígado o de vesícula biliar si la emoción predominante fue la rabia…). De hecho, existe una gran proliferación de diccionarios de síntomas y sus significados emocionales para ayudarnos a encontrar la relación entre la enfermedad o disfunción que padecemos y qué resentir la puede haber ocasionado, de manera que podamos determinar la vivencia en la que se gestó y a partir de la cual todo se desencadena.

 

Sin embargo, la experiencia nos muestra que todas estas explicaciones racionales son, en realidad, excesivamente complejas. ¿Por qué una misma vivencia puede ser experimentada de maneras tan distintas a nivel emocional, provocando consecuencias, en realidad, impredecibles? El enigma parece hacerse cada vez más profundo…

 

Sin embargo, partiendo de la perspectiva de la Física Cuántica, lo más obvio y visible (cuanto vemos, olemos, tocamos, experimentamos…), con unas leyes que parecen tan lógicas y previsibles, puede estar formado, en realidad, por lo más enigmático y desconocido (partículas cuánticas capaces de comportarse sin lógica alguna, y que pueden estar incluso en dos lugares distintos a la vez por más que eso nos parezca imposible…) En este caso, ¿cómo pretender que nuestra mente y nuestra lógica pueda hallar la explicación “real” o “correcta” que solucione nuestros conflictos emocionales? No es la racionalización o explicación de lo que sentimos o padecemos que va a solventar los conflictos emocionales. Por el contrario, permitirnos “sentir” el conflicto en su máxima expresión, dar espacio a las sensaciones físicas ingobernables, dejar que éstas evolucionen sin buscar más razón, es la verdadera llave para el cambio.

 

Y hay una explicación simple de que así sea: son las experiencias de supervivencia y miedo que padecemos en la etapa pre-lingüística y pre-lógica, las que “nos estructuran” para bloquearnos ante determinadas sensaciones que se producen en nuestro cuerpo. Esto lo cambia todo, puesto que para solucionar un conflicto personal bastarás con permitirnos revivir esas sensaciones que nos atemorizaron, pero ahora en un entorno seguro que permita que el estrés fluya hasta dejar de ser una barrera que sigue condicionando nuestra vida.

 

¿Y cómo experimentarlo? Sencillamente, aprendiendo a despertar la capacidad natural que todos tenemos para desbloquear nuestras barreras y conflictos emocionales, o bien con un acompañamiento  terapéutico para superar ese tema que condiciona tu vida. Ello te permite no sólo cambiar tu día a día, sino además, disponer de una estrategia y herramienta que podrás aplicar en cualquier conflicto que pueda presentarse en el futuro. TIPI: una nueva estrategia terapéutica rápida, eficaz y muy profunda que toda persona debería conocer.