El Inconsciente y su función


A veces, cuando pensamos en el inconsciente y sentimos que no tenemos domino sobre él, consideramos que es más un “enemigo” que, como dice Freud, un imprescindible mecanismo de protección para nuestra supervivencia. ¿Cómo debemos considerarlo? Y, más aún, ¿cómo podemos acceder a sus mensajes para utilizar la gran información que nos proporcionan en beneficio de nuestro bienestar písquico, emocional y psíquico?

    

Siguiendo la teoría freudiana, además de un cuerpo físico con todos los órganos y sus funciones de supervivencia,  tenemos una estructura psíquica que nos permite desarrollar esas sutiles funciones que no se localizan en ningún órgano físico propiamente dicho, y cuya máxima expresión es el racionamiento, la inteligencia emocional y, como compendio de todo ello, la conciencia. Esta estructura clásica que dividía al ser humano en “cuerpo” y “alma”, o “cuerpo” y “mente”, se ve profundamente trastocada con la constatación, por parte de Freud, de que además de estas dos instancias, la física y la conciencia, hay una importante parte del ser humano que, sin ser ningún órgano, funciona al margen de nuestra voluntad y queda fuera de nuestro dominio, por lo que la denominó “inconsciente”.  Este inconsciente, que constituye la inmensa parte de nuestra estructura psíquica, gobierna desde procesos fisiológicos importantes (el control del sistema sanguíneo, digestivo, reacciones de alarma y emergencia ante situaciones de peligro –aceleración cardíaca, interrupción de la digestión, etc. –,  gobierno de los procesos respiratorios…) a procesos psíquicos que “congelan” o pasan a gestionar reacciones emocional según sus propios criterios inconscientes, para protegernos del dolor emocional que se deriva de la vivencia que los ha provocado.

   

En este sentido, debemos considerar que EL CONSCIENTE SE HACE CARGO DE TODOS AQUELLOS ASPECTOS QUE NUESTRO CONSCIENTE NO ES CAPAZ DE ASUMIR, y no es capaz de asumirlos bien sea porque suponen un desgaste consciente demasiado elevado (¿imaginas lo que sería tener que decidir conscientemente realizar cada una de las inspiraciones y expiraciones respiratorias que debemos hacer cada día para sobrevivir? ¡No nos quedaría espacio ni energía psíquica para prácticamente hacer, pensar o sentir nada más!), bien sea porque el dolor emocional que nos supondría admitir estas emociones conscientemente nos parece insoportable.

   

Pero la tensión que produce, sobre todo, mantener esas emociones dolorosas en el inconsciente, tiene un coste: un incremento de nuestro estrés, un desgaste energético importante para mantener ahí, en contención, toda esa carga emocional sumergida en el inconsciente y que de alguna manera debemos “desestresar”. Desestresar esa tensión psíquica y emocional cuando ultrapasamos nuestra capacidad de tolerancia de dolor emocional, nos lleva a tres posibilidades:

     

  • Hacer consciente la emoción dolorosa que quedó reprimida,  soltarla, con la seguridad que desde el momento presente podemos afrontarla y revivirla con seguridad, aunque la simple idea de volver a pasar por ella (para el inconsciente no existe el pasado y futuro, todo es presente, e imaginar algo implica vivirlo como si fuera real en el aquí y ahora) se nos antoje en un primer momento como algo difícil de afrontar. Sin embargo, ésta es la mejor manera de “vaciar la carga emocional dolorosa” que vamos acumulando en nuestro inconsciente, y el acompañamiento terapéutico puede ayudar en gran medida a realizar ese ”vaciado emocional” de manera efectiva y facilitando la aceptación y procesamiento de lo que hasta hoy parecía inasumible
        
  • Otra posibilidad es no  dar el paso de hacer conscientes esos contenidos emocionales dolorosos. En este caso, la energía que produce el estrés deberá buscar otra salida, y ahí nos vamos a encontrar con trastornos de conducta, estados písquicos y emocionales perjudiciales o, incluso, cuando esta tensión es ya muy fuerte, con sintomatologías físicas (que de alguna manera ponen en evidencia que hemos estado rehuyendo de todas las maneras hacer consciente la problemática que tanto nos está afectando. Aquí, la supervisión médica, para ser realmente efectiva, debe ser acompañada por ese trabajo terapéutico de hacer consciente la problemática subyacente para que la sanación sea real y definitiva

 

El inconsciente, pues, nos permite “ganar tiempo”, prepararnos para poder llegar a ese desarrollo personal que nos permite sentirnos capaces de afrontar lo que en su día reprimimos porque ahora podemos hacer frente a esas vivencias emocionales como parte de nuestro aprendizaje vital, y ya no seguir huyendo de ellas como si se tratara de enemigos. En el proceso, será importante recordar que cualquier estado psíquico que nos altere, o cualquier síntoma físico o enfermedad, será el lenguaje con el que este nuestro gran amigo inconsciente nos sigue recordando que tenemos algo pendiente ahí…  Trabajar sobre ello significará, en gran medida, no sólo crecer a nivel personal, sino muy probablemente, encontrar nuestro verdadero lugar en el mundo y el sentido de nuestra historia. No vale tener prisa, ni siquiera querer afrontar más de lo que en cada momento estemos preparados y preparadas... Pero tampoco vale quedarse quietos y mirar hacia otro lado, evitando afrontar el problema que nuestro cuerpo y estado emocional ponen en evidencia.

   

Una aventura fascinantes que te proponemos realizar con nuestro acompañamiento en grupos o en acompañamiento terapéutico individual.